Blog de Impresión bajo demanda

La Ley de Zipf o sobre qué escribimos

La Ley de Zipf o sobre qué escribimos

publiberia_temas_literaturaEn el siglo XX, la lingüística estuvo todo el tiempo disputándole a la física, a la informática y a la biotecnología el título de “la ciencia más importante del siglo”.

La razón es muy sencilla: el lenguaje es la base del pensamiento, y su descripción y funcionamiento se antojaba vital para el resto de disciplinas. Sin ir más lejos, la inteligencia artificial, por ejemplo, tuvo que recurrir a la lingüística para dar sus primeros pasos. Resultaba evidente que si queríamos comunicarnos con un robot, había que enseñarle a hacerlo, y nada mejor en este caso que la lógica del lenguaje humano.

En medio del desarrollo y la “matematización” de la lingüística en la primera mitad del pasado siglo, el estadounidense George Kingsley Zipf enunció los principios de lo que luego se conocería como “Ley de Zipf”.  Aunque en su esencia es algo más compleja, podemos resumirla en que la palabra más usada en un texto, aparece el doble que la segunda más usada, tres veces más que la tercera palabra más usada, y así.Leer más

El color en la impresión bajo demanda

El color en la impresión bajo demanda

publiberia_pod_cmykUno de los principales caballos de batalla de la impresión bajo demanda es reproducir fielmente el color que exige el cliente. Lo más tranquilo para el impresor es advertir  que su trabajo se limitará a imprimir el fichero que se le envía, y si al cliente le da igual azul que morado, no hay mayores complicaciones, pero no siempre es así. ¿De quién es la culpa…? De momento no busquemos al culpable, sino tratemos de comprender o de solucionar el problema…

Es cierto que el impresor cuenta con herramientas a su alcance para conseguir un color, pero herramientas limitadas. En cualquier caso, cuanto menos, el impresor debe dar soporte, ofrecer ayuda, debe asesorar y advertir al cliente.

Simplificando mucho, podemos decir que la cantidad de colores que percibe el ojo humano es infinitamente superior a los colores que siempre podremos reproducir. Debemos partir de aquí. Incluso los colores que vemos por la pantalla del ordenador, compuestos, como la mayoría sabemos, por tres haces de luz (RGB: rojo, verde y azul), superan bastante a los colores que podemos conseguir mediante la combinación de tintas (CMYK: cian, magenta, amarillo y negro). Leer más

El dato variable en la impresión de libros bajo demanda

Estamos más acostumbrados de lo que creemos al dato variable en nuestra vida diaria. Cada vez que al buzón nos llega una publicidad con nuestro nombre, o el de nuestra empresa, es un ejemplo de utilización de datos variables. A la hora de imprimir, se programa una base de datos para que estos se vayan alternando según se imprime. Últimamente también lo vemos con bastante frecuencia en el supermercado, en muchos productos que permiten personalizar sus etiquetas.

El dato variable puede ser alfanumérico o también puede contener imágenes.  Es decir, además de nuestro nombre y dirección, podría aparecer nuestra foto, si quien nos envía el impreso, dispone de ella, claro está.

Pero… ¿cómo se puede aplicar el dato variable a la impresión de libros bajo demanda? De muchas maneras:Leer más

El Códice Voynich o para quién escribimos

El idiolecto es la forma particular que todos tenemos para expresarnos haciendo un uso concreto de las reglas del lenguaje, la gramática, la sintaxis, y el conjunto general de conocimientos que tenemos de una lengua. Ese uso particular, sin embargo, no debería impedir que los demás nos entiendan perfectamente.

El conocido como Códice Voynich, uno de los tesoros de la Universidad de Yale, es uno de los pocos misterios literarios que quedan por descifrar a nivel literario y lingüsítico. No conocemos a su autor (el nombre del texto lo toma de su último dueño), ni en qué idioma está escrito ni tampoco sus símbolos o ilustraciones.

Desde este punto de vista, el Códice Voynich sería el idiolecto en estado puro. Una creación única y original. Tan magnífica como desconcertante. La tormenta perfecta de la literatura. Trascendiendo los siglos. Tan propia y particular, que llegamos al extremo de que nadie más la entiende. (Hay indicios y estudios, sin embargo, que demuestran que quien lo escribió, sabía lo que escribía, pero nadie más que él…).Leer más

El mejor formato para imprimir un libro

El mejor formato para imprimir un libro

publiberia_formatos_impresion“Con este formato se desperdicia mucho papel…”. Es probablemente la frase más repetida, y también la más temida y que ningún cliente querría escuchar jamás de un impresor, ya que significa que probablemente terminaremos pagando todo el papel que no se aprovechará en una tirada.

Hay muchísima historia detrás de la estandarización de los formatos de papel, desde el expresionismo alemán (apasionante e inacabable para quien de verdad quiera estudiarlo) y la influencia de la Bauhaus, hasta los físicos y matemáticos de principios del siglo pasado, pero las normas y los creadores de estos formatos que más o menos todos conocemos hoy no son los únicos que intervienen a la hora de decidir los mejores formatos para imprimir un libro (o cualquier otro producto).Leer más

Sobre la autoedición

La autoedición no es nueva. Prácticamente existe desde que existe la imprenta moderna, y los autores querían ver impresos sus versos o sus piezas dramáticas y los llevaban al taller de un impresor y pagaban por llevarse los pliegos impresos y encuadernados.

Allí donde había una corrección, aunque fuese en piedra, un deseo de mejorar una frase, o la necesidad de comunicar algo de una manera más precisa, o de una forma más agradable, podemos decir que ya había en potencia un editor.

De esta manera, podemos afirmar que la figura del editor, aunque igualmente antigua y se remonta a los tiempos del surgimiento de la escritura misma,  siempre ha estado vinculada funcionalmente, en primer lugar, al propio autor, ya que él ha sido siempre el primero en “cuidar” y “curar” su texto; lo que decía, y la forma en que se mostraba a los demás.

El editor moderno surge del desarrollo económico y de la demanda del libro como objeto no solo cultural sino también industrial. Es una figura que sigue siendo necesaria, ya que a partir de su formación profesional y experiencia, de alguna manera contrasta y valida la información “literaria”. El editor tiene una función crítica, por ejemplo, que no tiene el porqué tener el propio autor, y en este sentido se encuentra en una posición llamémosle de ventaja.

No es hasta finales del siglo XX, con el desarrollo de la informática y de los procesadores de texto, que empieza a volver a hablarse de la autoedición. Denostada en un principio, por aquello de que nos habías acostumbrados a los premios literarios y a las grandes colecciones de las editoriales más famosas, la autoedición sin embargo ha terminado por abrirse paso en las últimas ferias literarias más importantes, que han sucumbido ante la evidencia de que las reglas del juego han cambiado.